Malestar inconfesable, inhumano, imposible de extirpar, arrancándome las vertebras. Odio que no muere, que no atiende a razón, odio que me odia y me frustra y me retuerce como un sátiro se retuerce ante la música de la flauta. Me quema en su hoguera de derrota, me ahorca la conciencia y deja en carne viva mi miseria, la verdadera esencia roja y monstruosa. Porque nace de dentro, de donde se crea la esfera de luz, de donde nace el ave fenix y las cenizas. Es un odio ponzoñoso que no puedo quitarme de ninguna forma , odio , odio en todas partes. Odio en los ojos de los que me amaron, odio odio en los ojos y en el alma, al fondo de las pupilas que me muerden. Es un punto de masa dentro de mi cerebro, un grano molesto que intento hacer desaparecer dándome golpes en la sien, dándome fuerte en las palabras¡Porque no me deja! Se ha quedado en mi cabeza como ese requiem , como esa cara de ojos de gato, como el diablo de las leyendas, se ha adherido a mi, el Odio que me hace fruncir los labios, que me hace cortes en las pestañas, que me desangra todos los días. El odio, el odio, el odio al que odio con todo mi ser. Si yo pudiera explicar como siento a esta serpiente mermando mi voluntad y mis buenas intenciones, si pudiera con palabras describir el horror y el vacío,la locura que es no poder liberarme sin sentirme más enclenque. Es la lágrima que surca el hueco de la voz la que me está picando como ácido vivo. Porque no puedo sentir ya nunca nada más salvo esta inefable criatura destrozándome sin piedad. Destrozándome sin piedad,destruyendo todo mi ser. Toda yo. El odio me mira y no quiero mirarle más, porque tiene tus ojos, tiene tus ojos y los odio.
Akata.





