miércoles, 1 de mayo de 2019

BRAY

A las catástrofes, con amor. A la locura que encierra el inexplicable devenir de la existencia, con amor también. Al recuerdo inequívoco de la sonrisa de mi madre, a su voz, a su pelo rubio, a sus ojos de tierra y lluvia, con amor. Este poema rescata solo una de las porciones de amor que profeso hacia el ser humano más importante de mi vida, mi madre. Ojalá llegues algún día a mí a través de la luz.




















BRAY

A mi madre, Gea imperecedera.

Pasó el animal
como un lobo dentelleando el aire.
Proyectó también
su ala
el golpe de la luz sobre las olas
y pensé en todos
los besos y abrazos que te dimos
todos
los instantes en que sentí
                                          la vida.

Huérfana, tal vez, de un dios amigo,
ahora recubierta
de la silente bendición
de tu nombre: <<¡Madre!>>,
grité allí
donde los árboles regresaban al nacer
donde aún
siento que te crujían los huesos de amor
entre mis palmas
allí
pasó este pájaro
como una noche absurda y repentina
para mostrarme las opciones
de la muerte:
Belleza y latitud,
                            bagaje y alma.


Diana Forte y Agustina Forte. 2019.

miércoles, 17 de octubre de 2018

VIEJOS POEMAS, VIEJOS AMORES



FORMA DE MEZCLAR LAS LENGUAS

No me entendías.
Porque cuando yo hablaba
de amor, hablaba de odio
de la sangre rota
de la noche lenta en que tu cuerpo
escama seca
deslizaba su avaricia entre los pasos
de la ciudad que regresaba.
No querías este idioma.

Porque sin proponérmelo
encendía las velas de las curvas
tranquilas de tus huesos,
y hacíamos la pausa
hasta estallar dormidos
en las horas que nos dejaba
el silencio.

Pero nada de poesía.

Era frustrante verte predecir
la música
dormir al raso con los pájaros de azufre
oírte describir en cuatro versos
mil lenguas diferentes.
Pero nada de mis ruidos,
nada de la palabra colocada con exactitud
en la semilla.

Ahora es una pena.
Nos miramos y se abren las
historias,
pero
movemos la boca
y no hay forma
                             de mezclar
                                                      las lenguas.

viernes, 18 de mayo de 2018

ONCE AÑOS

Lo que duele, quizá, no es tanto crecer, sino darse cuenta de que, pese a que hemos crecido, todavía no hemos aprendido apenas nada, nada acerca de nosotros mismos. ¿Qué sabemos acerca de quiénes somos: que somos adultos, que nuestros estudios han dado nombre a nuestro cuerpo, que nuestro trabajo ha modelado nuestra vida? Poco, muy poco sé de quién yo soy. Poco, muy poco sabré cuando la vida no me sea tan larga. Pero sí que sé, y esto es importante, que hay que apreciar los momentos de lucidez que nos otorga la búsqueda de lo que somos. Hay que seguir despiertos. Vivir despiertos. Apreciar la lucidez, creer en ella y en nosotros mismos, y escucharla. No conozco otra manera para poder llegar a ser felices.


ONCE AÑOS 

"Trescientos sesenta y cuatro días de noches cerradas
la calidez del verano en que los árboles
crecieron.
Un helado derretido en mitad de tu lengua
virgen: "Nolite me tangere", decía ese pintauñas.

Dieciocho años de días de lluvia.
Todas las ventanas
con el olor marrón de la mañana.
Buscar la taza exacta en la cocina.
Abetos, granados, dientes de hojas azules
en el jardín de tus padres.

Han pasado
once años exactos desde que
creíste que la vida era un prosema;
once años para relativizar el alfabeto
de las nubes.
Once años, virginal niña arrastrada
hacia la playa.

Once años
han tenido que existirte
para que al fin comprendieras
que la vida

estaba aún por empezar".

Diana Forte.

lunes, 14 de mayo de 2018

LA FÁBRICA DESDE UNA VENTANA DE AUTOBÚS





A través de la ventana, observo: los humanos crean nubes,
pero son
nubes de horror.

Allí, en los prados, entre un lugar lejano de mí misma,
y una oveja habitante de una ladera de Cork,
ese mastodonte infernal queriendo simular
el llanto de la pipa
de una diosa.
Allí está, toda gris, toda ferviente,
con el sudor de los esclavos que tienen entrada a las ocho
en la mañana
que volverán a casa de nuevo,
                                                 sudor viejo,
agarrando el vaso de cristal cansado,

hurgando en la luz,
deslizando hasta el silencio
la soledad de la cocina
en que antes, respiraba una mujer
que no se ha visto en años.

Allí, esperar de nuevo la sombra de la fábrica.

Ella siempre le mira desde el centro
como si supiera cual es el destino de los hombres modernos:
una lámpara en la noche,
una sirena a la hora de comer,
un golpe duro en las costras.

El ser humano dispuso las espirales para el hambre
de ahora
mezcló con el aire lo que al trabajo
acude como advertencia de nada.
El vacío de lo humano.
Creyendo de verdad
que han descubierto el mundo.
Pero, ¿Qué es el mundo sino el grito desesperado
de una risa extraña?
Ella es la reina de lo que no se siente liberado.

La fábrica les muestra las heridas, los meandros
de las arrugas de la cara.
Somos, en realidad, piel y más piel,
carne y gelatina
consumada. Contemplada.

Contemplándose.

Y como buenos sabedores de lo ínfimo, de todo lo que nos es ajeno,
nos dejamos, de nuevo, la saliva
en el vaso
                 en la cocina.

"Cariño, ven a la cama, que el dolor se enfría".

Mañana a las ocho no habrá nubes que tapen nuestra falta.

Diana Forte.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

AMAR PERTENECE AL INSTANTE



(EL HUECO DEL AGUA ENTRE LAS MANOS)

Me dijo: coloca tu pelo así, entre la estrechez de mis manos y la figura de un recuerdo. Lo hice, convencida de que el amor era ceder a los deseos del frustrado. Y todo mi pelo se agotó en un silencioso ojo escudriñador. Quería volver a verme, no como lo que era, no como la mujer cansada que sigue adelante, sino como aquel sueño de bar en que un día decidió quedarse. Yo no era ya la figura reflejada en el metal de los borrachos, ni era la mujer ruda que se tinta las entrañas para que la puedan observar solo unos pocos. Era este cuerpo lleno de heridas imperecederas. Era también este gesto de los dedos elevados hacia el extremo de la cara que hoy no tocan. Era el chasqueo de mi lengua al saber que te vería, después de aquella noche. Era la chica del pelo rizado que arranca sus raíles. 

Me dijo: baila para mí como cuando éramos árbol y sal; y el aroma del mundo nos pertenecía. Ojalá le hubiera dicho que también sale grava en las estrellas. Él, buscando un recuerdo en la eternidad de mis labios; yo, llorando en la tarde, con campanas de fondo de la ciudad corriente (Sevilla en el perfil de mis dientes cansados, de mis palabras cayendo como canicas en mármol). Pon tu pelo así, como si no fueras tú aún, y pudiera verte como la mujer que deseé. 

Pero el deseo no vale para amar, el recuerdo no vale para amar. 

Amar pertenece al instante.


Diana Forte.

miércoles, 5 de julio de 2017










HEIMAT

La libreta
tiene trazados huecos azules
pero
cae el relámpago de la boca
y los trazos se difuminan.

                                        Tiene
un

                          silencio

       esta libreta:

Imaginar el mundo, imaginarlo
la cara que tendremos
cuando seamos padres
y sujetemos el hueco de la infancia,
los árboles altos
la niebla
del día en que caeremos.

Imaginar la lluvia
en otro lugar
imaginarla
Sentir la aguja del agua
sobre el hombro
y masticar
masticar
como masticada soledad
que observa una ventana.
El frío de los años. El frío duro
de los huesos débiles.

Y ver a los niños con sus
móviles radiantes
y sus pasos heridos por la tierra,

y que no sepan jugar
mirándose a los ojos

y el silencio, imaginar el silencio
imaginarlo.
En esta vida
en que los lobos no recuerden el hambre.
Y una casa
abierta a una tormenta

Un lugar al fin

entre los surcos

al que llamar hogar.

Diana Forte.

lunes, 15 de mayo de 2017

LA CIUDAD




Aprendido el peso del silencio y el horror de una ciudad vacía -llena de gente-, vacía; debo confesar que sigo siendo esa niña asustada contra el muro. Contra aquel muro, un muro cualquiera en que su mano me decía: <<tócame donde me gusta>>. Y así fui creciendo en la consolidada idea de que yo era la que obedecía, y él era el que sentía mi mano. Da igual quién fuera, eran muchos y todos similares. Esta es la forma que tuve de conocer la ciudad, de saber que ahora la ciudad me debe, lo que yo no pude exigirle a ese muchacho: carne, agua salada, improperios de néctar diluyente, esculturas bellas, rincones a los que jamás volvería a entrar con un gorrión entre los párpados. Esta es la forma que tengo de conocer lo más costoso, que no fue, no hubo.  Uno está tan lento, tan esquivo cuando no entiende el amor, cuando no entiende la obsesión imparcial y enamorada. Lo que yo supe, lo que yo, con dos letras bien forzadas, fue la noche fue mi sílaba. Esa era la única verdad. Mi sílaba, mi verbo, la forma de conjugarme en la ciudad quebrada. Porque muchas veces dije: <<odio la palabra "amor", "corazón", jamás pondré amor en un poema>>. Y, sin embargo, no solo amor, corazón, no solo tus ojos o el aire están en todo. También la lluvia que no me diste, también el dedo que no me dejó tocar la silueta, todas las veces que te escribí unos versos, y nunca esta respuesta.


Diana Forte.

miércoles, 5 de abril de 2017

El silencio de los elefantes







EL SILENCIO DE LOS ELEFANTES

"...a las mujeres que escriben sobre
la Muerte siempre las encierran.
A ellas les dicen
que las sanarán, les dicen
que la tristeza se cura, les dicen
que el quemar en el pecho
que las clavículas rotas"
CARMEN JUAN

Si tuviésemos la lengua como un puente, y no como una vara metálica en la boca de un cedro, entenderíamos qué es amar con los dos ojos, cruzar a nado el vientre improvisado de los árboles, sacar a flote las carencias. Ser vulnerable. Si tuviésemos la sangre como seca, como carne bruñida al sol que se desploma, y no tanto como llama amarillenta que se olvida, entenderíamos el sonido como el más puro de los sauces. Es la naturaleza abriendo el mundo, rompiendo con su muerte una gran irreverencia. No hay, no tienes alcoba vacía donde dejar las nadas. Estás en todos los pájaros que anidan en la esencia. Tú, oh, tenías tanto miedo de decir: lo sabe. Y ahora que lo sabe, tienes tanto miedo de la grava. Es esa tierra encharcada que lame el fondo de los ríos. ¿Acaso no se vio al pez de barro? Ser vulnerable como un cuenco sobre el roto de la mesa. Tienes tanto miedo a no ser lo que debiste haber sido. A no ser lo que debes ser, a lo que debes. Ser vulnerable, delicada, como el silencio de los elefantes. La vida se te para en los excesos, como una fotografía en la punta de las yemas. Tienes piel de araña, tierra, todavía. Y vamos a curar

ahora 

las palabras


que ya nadie te dijo.




Diana Forte.

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Sobre la Poesía?


¿SOBRE LA POESÍA?

Dicen,

No hablas en los poemas

de Poesía. Ya sabes,

la falta de trabajo, la cabeza ladeada

contra el suelo

los ojos, si acaso, un poco más cansados;

viejos.

No escupes, ni gargueas lo importante:

Que a este País le faltan, tal vez,

ciertos magnates de conciencia

Le sobran —sin apelar a las ruinas

ocultas de sus urbes—,

políticos corruptos y sapio-politólogos.

Solo ordenas el caos de tus valientes

y asustas

a tus pocas filigranas de cordura.

Porque te duele, ¿verdad?

Y eso se nota.


Sin embargo, no puedes dedicarte únicamente

a la azul tarea de convertir

a hombres en diamantes.


Dicen,

no hablas de Poesía, no escribes lo importante:

el aborto y el suicidio, lo transgénero,

lo marcado como frágil, lo privado.

¿Por qué, Diana, no dibujas "Libre"?

Solo grapas de lluvia en tus pupilas

y alguna cita malsonante

sobre lo que está de moda.


Amantes que te recordarán el golpe de la nieve

y versos,

muchos versos sobre ti

y sobre lo pactado.


Dicen, así, 

hazte un hueco en este mundo

y yo

que ni leo, ni me nombro, ni me escucho

repito: "Noli me tangere", sin zapatos acordes con la broma,

sin futuro

sin recuerdo del pasado:"Noli me tangere".—cito a Claudia— Y siento la piel más firme

y más adentro (Millennial del palo, niña boba).


Solo grieta en la baldosa y sus insultos

dolor

dolor absurdo masticado

sin los ojos.

¿Y eso no es reflejo

de la negativa

de entrar dócilmente en esa buena noche?

¿De huir de mi ciudad española

en la que no crece la ciencia, donde todos

llevan casco de persona, donde amar es

el nuevo verbo decidido?


A mi tristeza voy porque yo siento

en ella a los que esperan

que el mundo cambie pronto.


A mis palabras voy para rajar lo dado por supuesto,

lo  marcado por otros

creídos dueños del libro mundial

de la fama y la tecnología.


Dicen,

¡Venga, recuérdanos la sangre! ¡Olvida tus fracasos! ¡Escúpenos Poesía!

Pero yo sé, que escribo de mí porque es sagrado

el pacto que tengo con vosotros.



Diana Forte.

viernes, 13 de enero de 2017


                                                                       YO SOY



Yo soy. Con o sin importancia, con y sin dependencia. Soy. Porque Zambrano hablaba del claro y yo hablo de la luz. Porque puede que ella también supiese de la luz, tratase más con ella que yo con las palabras. Porque soy. Esto es, no es necesario saber el punto en que me hallo, no es obligatorio saber dónde debo esgrimir mis argumentos para hacerme un hueco tierno en la boca de otra de las mil ciudades que pienso conquistar. Yo soy. Estoy aquí. Magnífica abominación perfecta dentro de mi existencia. Me quiero. 



Diana Forte.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Maldita, inútil locura

Como en la sucesión de ideas encontradas, hallo mis formas en el frío de un parque andaluz, de una farola, de una salida a toda prisa de la casa vieja en la que aúllo aún los sueños. Que no me faltan derrotas y siempre me hacen falta besos. Yo, que encontraba en mí la perfección exagerada de lo que ya no existe. Mas una y otra vez humana, sigo buscando el hueco que me corresponda, sigo intentando ser quien quiera que sea quien esté ahí adentro. El frío hace conmigo lo que conmigo hace la distancia, o la lluvia, o la impaciencia. Temo que no vuelva nunca esa creencia invencible de ser fiel a lo que soy, aunque nunca me haya gustado. No escribo para nadie, escribo para mi pobre corazón quebrado. Que no es lo mismo saberse, que ser sensible a los impactos. Pero que aquí caigo, en el frío. Sin contar nada que no sea el congelado de mis dedos. Sin nada nuevo que no sea esta locura infinitamente absurda. Te vas y yo regreso del lugar de mi mente en que me hallaba obstruida. Te vas a otro país para que yo empiece a caminar sola. Y en esa soledad me hablo con todos mis demonios y hago al fin las paces. Cansada ya de que me digan que nunca fui suficiente. Cansada de las bromas dolorosas del hallazgo insolente de ser menos que el resto. Pero vaya. Que te vas a cualquier parte y yo regreso. Más firme, más ruda, más guerrera. Y no me importa ya que los vientos no me surquen. O que el amor me amargue la tristeza. Yo no quise preguntar cuando volvías. No quise preguntar cuando parabas. En qué momento volverías a estar loco.

Maldita, inútil locura.


Diana Forte.

miércoles, 19 de octubre de 2016

ALIENTO DE NOSTALGIA

ALIENTO DE NOSTALGIA



De repente estaban ahí. Yo no los había invocado, y mucho menos quería volver atrás, pero una ligera pústula de color violeta iba naciendo en alguna parte de mi cerebro. Me zarandeaba constantemente la sensación de que toda mi infancia, toda mi adolescencia, toda la etapa magna de mi vida, se había esfumado como el humo de una obra a las 4 de la tarde. No sabía qué estaba sucediendo. Los ojos iban y venían, de una sucesión de imágenes de personas que una vez tal vez conocí, a la página abandonada de mi ex. Ese ex al que yo había decidido condenar a la culpa y el dolor perpétuo. Esa persona triste y deprimida que no había tenido el valor necesario para enfrentar las cosas a su debido momento. Nada más alejado de mi actuación. Me había pasado los cuatro años de relación buscando manos ajenas y, sin embargo, ahora me parecía el ser más escandalosamente maravilloso sobre la faz de la tierra. Todos los que se habían aprovechado de mi buena voluntad o, aquellos que en algún momento de su existencia me habían regalado palabras de miel, ahora se me antojaban como héroes de marvel. Salvadores de un destino incierto que parecía irse todas las mañanas junto a la manta de los pelos del gato. 
Sí, vivía en otra ciudad, desayunaba en otra ciudad, el ruido de las calles cada despertar era, sin duda, de otra ciudad. ¿Qué estaba haciendo allí? El destino había decidido rebelarse contra mí. En ese preciso instante en que me levantaba para ir al baño y mirarme al espejo, todas las facciones de todos a los que un día amé se aparecían como una especie de ensoñación mitificada. Yo sabía que era una ilusión, una pandemia de exaltación por la nostalgia, pero no podía alejar de mí esa sensación magullante que me decía que "cualquier tiempo pasado había sido mejor". ¿Lo había sido? Desde luego que no. Entonces, ¿por qué había olvidado con tanta facilidad el posible brillante presente? ¿Necesitaba volver atrás? ¿Cuándo había empezado esta oleada de `saudade´ extrema? ¿Para qué? ¿Era la forma que tenía mi cerebro de decirme que quería huir? No podía contestar a ninguna de aquellas preguntas. Lo sabía. Sin embargo, las imágenes no dejaban de venir a mi cabeza. Me vestía, me arreglaba, bajaba a comprar el pan, y allí estaba mi etapa en la Universidad. Esas mañanas despreocupadas en las que solo tenía que plantarme en una silla y despreciar al mundo por haberme hecho levantarme tan temprano. Solo tenía que mirar a mis amigas y proponer alguna escapada a los bares de enfrente para mitigar el aburrimiento juvenil. Yo era un ser humano en proceso de algo. Y parecía algo importante. ¿Y ahora? Ese ser humano que tejía palabras en las libretas y dibujaba formas de futuro no encuentra nada en su presente que quiera conservar. Y no digamos que desea eliminar nada de su vida, simplemente, es como si las cosas le rozasen. Como si las cosas me rozasen. Me siento al borde de algo y siento que mi única salida es huir. Pero, ¿hacia dónde? ¿Y para qué? Hace un año fui feliz, y ahora solo puedo recordar la nostalgia. No sé qué está pasando. No quiero nada de lo que tuve, pero mi cerebro anhela todo lo que fue. Se está convirtiendo en una especie de monstruo silente. Y yo me estoy convirtiendo en una adoradora del sonido del teclado en mis dedos. El odio existe porque tiene forma de palabra. El odio es real porque tiene conciencia. Igual que la tristeza. Igual que la melancolía. Aunque eso ya lo sabía Von Trier. 

lunes, 17 de octubre de 2016

jueves, 8 de septiembre de 2016

EL CONCIERTO



Tragada tu voz alrededor de un cuadro oscuro

el micrófono carga

tu aliento de sangre;

y dota
                de peces viscosos,

peces de hambre entregados a la masa,

los cuerpos heridos

que en la noche
                              te nombran.


Las nucas se aceleran como cuervos

que exigen su derrota

Se expanden, modulan con tu ritmo

las vértebras que el verso ha despertado.


Yo presiento.

Yo en el hueco de tus palabras de llanto,

yo en las sombras quebradas por los focos,

yo
          engullendo
                                 tu texto desdentado

Arrancándome del sueño que será

el sueño eterno

                                de esta última noche.

Eres mío y no; mío y de todos; y no.

Dentro del tímpano, en las manos

de quien clama

                              eres, también,

grave falange de los dedos

que yergo ante tu grito.

Y no.


La sala se estremece. Vuelvo a la penumbra

donde los monstruos de tu llaga rompen la sinergia.

Cantas,

               y cantas como el puño revienta

en la boca de una puta

Y como el orgasmo sacude la tierra

en el pico exacto de una grieta.

Cantas,
              y todas las voces sordas

entran y salen de ti.


Los platos ahora giran. Rápido y dulce

me enveneno,

absorbo la cerveza

como Cronos absorbe la libélula en tu vientre.

Un bicho te cabalga en la garganta.

Un bicho que no sirve más que para el sueño

más que para advertir la certeza

de lo que nunca jamás

podría haber sido.


He terminado de esconderme.

Acaba el concierto. Vértigo en la sala.

Bailo ya y resbalo hasta la barra

como un súcubo sonriendo

al final de la partida. No hay más dramas.


Apagas el silencio. Descansan entonces

los pedazos de légamo

que siempre encuentro en tus rimas

Y despiertas otra vez

                                       al gran espacio en que

no sabes que piensan.

Y no importa.


Todos aplauden.





Diana F.

martes, 6 de septiembre de 2016

EL CANTO ROJO DE LA NOCHE

La noche estrellaba sus figuras
en el bosque horadado de tinieblas.
La voz del roble
despertó la vulva,
oxígeno de madre, fuerza temerosa
de aquellos llamados bárbaros
por la mano roja
de todas las legiones.

En sus ojos, el fuego de la guerra,
en la espalda
su nombre de animal
valiente.
Es la rebelión de los Icenos,
figura de yegua
cargando el torque
de luz atragantado.

Voces de fieros Trinovantes
aullando hasta la unión de la sangre
y la Victoria: ¡Boudica!
¡Liberada hoz
que sesgas las gargantas
armadas de los hombres!
Tú que elevas los puños hasta el cierre
  y acaricias
las llagas enemigas
 con el filo de tus flechas,
haz del pueblo celta
una página tomada
y grita de nuevo a Andrasta
que no hay liebres capaces
de borrar
el triunfo que erigisteis.

Devuelve
aquella última noche
hasta el marcado camino
que Roma quiso
ensamblar sobre tu nombre.
Regresa a tu hogar, mujer
de cabellos afilados.

No dejes que los zorros
se conviertan en lobos
otra vez.
Despierta en ese pecho
que habla carne
 la sabiduría del Roble.
Y no consientas que tu voz 
se deshaga  jamás


sobre el llanto del misterio.

Diana Forte.

viernes, 15 de julio de 2016

Logos

De toda mi matriz
nace un idioma
herido por tus manos.
Ahora hablo el verso
del mamut errante
de los pájaros esféricos
que penden del
silencio.

Antes un poema,
ahora un susurro
de bardo sin misterios.
De todo mi centro
en este instante
crecen las raíces
que a ti
quieren llevarme.

Y duele.

Duele
como solo ya
puede dolerse
lo que nunca existe.


Diana Forte.

martes, 12 de julio de 2016

Escribir sin corazón, sin alma, porque el miedo todo puede hacerlo todo puede hacerlo nada

















Vivir en el miedo
es escapar del llanto
devolverse a la muerte
arrastrarse a la carga
pesada del olvido.

Vivir en el miedo
con tu nombre
con mis páginas
repletas de bocetos.

Vivir en la más
absoluta negritud
a tan alta hora
en que te miro
y el vértigo tiene
insistencia de jaula


Vivir en el miedo
en la sala de espera
donde los niños juegan
con pelotas azules.

¿Cuándo vendrás a salvarme?

El eco contesta
sin abrazo de pánico.
Mi miedo
tiene forma de vacío

donde solo estás tú.



Diana Forte.

Escribir sin corazón, sin alma, porque el miedo todo puede hacerlo todo puede hacerlo nada

















Vivir en el miedo
es escapar del llanto
devolverse a la muerte
arrastrarse a la carga
pesada del olvido.

Vivir en el miedo
con tu nombre
con mis páginas
repletas de bocetos.

Vivir en la más
absoluta negritud
a tan alta hora
en que te miro
y el vértigo tiene
insistencia de jaula


Vivir en el miedo
en la sala de espera
donde los niños juegan
con pelotas azules.

¿Cuándo vendrás a salvarme?

El eco contesta
sin abrazo de pánico.
Mi miedo
tiene forma de vacío

donde solo estás tú.



Diana Forte.

domingo, 10 de julio de 2016

¿Quién eres ojo de ave?

No soy sofisticada.
No soy Audrey Hepburn.
No Juana de Arco.
No tengo fe ciega en una voz al otro lado.

No soy la chica de las flores.
Mi piel no es blanca
como la nieve deshecha.
No soy la de los labios rojos
o la mano intacta.

No soy Marilyn Monroe
a punto de morir.
No soy una cachorra.
No parezco una
brizna de caléndula.
No soy el tierno cerdo
del vietnam.

Mi mirada tiene forma de otra cosa.
No soy modelo.
No valgo para eso.
No finjo
que llevo toda una vida sufriendo.
Sufro.
Gilipollas.
Humana.
Sensible.
Que os jodan.

No guardo lo que siento.
No hablo lento,
mi voz no es dulce,
no intercambio
el sonido de los pájaros
con el amanecer.

No.
No.
No.
No.

No soy tú. Ni como tú.
Ni ruta perforada de un bypass.

¿Qué quién soy?

Abre una puerta, soporta el frío.

¿Hace frío entre el vértigo helado?
Sangra un clavo, eriza el vello de un
ciego.Cal herida
 revienta entre la noche.

¿Sabes cómo se dice guerra
en el idioma de los bravos? (grito).
Reivindica.
Hay una espiral dentro del bosque,
un bosque
dentro de la ruina.

La ceniza congelada y yo, dentro,
muy dentro de la
sombra acariciada.

Muy al fondo del clamor de la insistencia.

¿Qué quién soy?
Soy Lola.
Así que, ¡Corre, Lola, corre!
Soy Frida: asco amor alado
arte moribundo.
Soy la de la mano
erguida, la de la hoz en la boca,
la de la grava de aire
en los pulmones.

Soy un licántropo embebido de luna.
Mi luna amada, hombre
coherente que no existe.

Soy Mulan después de la flecha.
Azul oscuro
vivo infierno.
Soy el pequeño escorpión
peleando contra bestias rabiosas y
mefistos.

¿Qué quién soy?
Busca en los ángulos
mis ardientes pies de fuego.
Llaga la alfombra mi voz de sufragista.
Soy Maeve,
¡Maeve desnuda elevada
hacia la historia!

¿Qué esperabas?
No.
Para nada soy
esa clase de mujer
que antes de mirarte

se observa las rodillas.


Diana Forte.


Paradas básicas

Autopistas,
autopsias.
Seguro que alguien
obtuvo
el beneficio
de la duda.

Amor
es lo que pasa
mientras el llanto
se doblega
y malsano
se atraganta.

Todos estábamos
de fiesta,
y yo vi
una polilla arder
en la punta de mi mano.

¿Cómo suena la misericordia?
Un grito
despertó la voz
de los convalecientes.

Y si las horas
tuvieran
veinticuatro muertes

Yo estaría
en la sexta parada
de mi breve
existencia.

Por eso
te marco entre los verbos.
Por eso
ya no hace falta
corazón.


Diana Forte.